Sobre la amistad

El viernes en Argentina fue el día del amigo. Durante el trabajo una compañera colombiana me contó, muy feliz, que en su país estaban festejando el día de la Independencia. Por unos segundos recordamos a Bolívar y luego volvimos cada una a nuestros puestos, sin volver a hablar del tema. Lo que hago en ese lugar sólo requiere concentración cuando hay mucha demanda, por lo que tengo el tiempo suficiente para pensar entre café y café… Me gusta decir que me dedico a regalar lindas experiencias dentro de una taza, o a crear las meriendas más sabrosas, de esas que se puedan disfrutar desde la mirada y que atraviesen mas allá del paladar.

Esa tarde estuvo muy concurrida, pero no perdí oportunidad para ponerme a reflexionar sobre la coincidencia que se me había presentado al comienzo de la jornada. ¿Cómo se relacionan la amistad con la independencia? Lo primero que pensé fue que no lo hacen, recordando mi adolescencia y a mis amigos del secundario, cuando salíamos juntos y no nos separábamos nunca. Todo era compartido y había muchos celos disfrazados de otros sentimientos. Algunos nos queríamos de verdad, otros estaban para no sentirse solos… entonces, ¿esa amistad daba independencia? Claro que no. Incluso puedo agradecer haberme alejado y rodeado de otras relaciones mejores.

Poco tardé en contradecirme, para darme cuenta que sólo existe la amistad cuando hay independencia. Se trata de pensar en los demás sin modificar tus conductas por ellos, que tu forma de ver al mundo pueda ser escuchada y no criticada o callada. Que nadie imponga una manera de ser feliz, ni condiciones para ‘pertenecer’. Lo más probable es que esto haya sonado obvio pero es realmente increíble hasta dónde llegamos los humanos para no sentirnos vacíos. No sé si tendrá que ver la edad, el entorno o la ‘calidad’ de personas (si es que las hay) pero en la facultad pude re-conocer y resignificar el concepto que siempre tuve de amistad. De repente no importó vernos todos los días, hablar seguido, vivir cerca o vestirnos igual. Aprendí que lo más valioso se encontraba en las diferencias. Que escuchar una opinión distinta no implicada una pelea, sino un debate y que luego seguiría todo bien. Que las cosas hay que hablarlas y si se dicen en el momento correcto, puede ser salvador, porque los amigos no construyen muros, sino un colchón donde, si caés, te van a auxiliar para que puedas levantarte y seguir, acompañado.

Rescato lo que siempre agradezco: estar con personas que oyen sin juzgar, que ayudan sin esperar y que dan la mano, el hombro y unas cuantas cosas más.

 

La Hija de Peter y Wendy 

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